Movimiento telúrico alcanzó los 8,7 grados Richter. Municipalidad montó inmediato operativo para ir en auxilio de víctimas y damnificados. NO se registraron víctimas fatales.
Fue un brusco despertar. Cerca de las 3:45 de la madrugada del sábado 27 de febrero se registró el terremoto más violento de los últimos cincuenta años en nuestro país y uno de los cinco más duros que la historia sísmica mundial tenga memoria.
Los habitantes de la intercomuna Chillán Viejo – Chillán, la provincia y la región –entre otras ciudades del país- vivieron minutos de terror sobre todo aquellas que habitaban antiguas viviendas y otra de frágil construcción. Estas fueron las primeras en desplomarse. Sus moradores en su mayoría salieron ilesos y algunos con lesiones menores.
“En Chillán Viejo tenemos cerca de 500 casas con daños estructurales. Uno de los problemas que se nos genera es que sus propietarios no quieren abandonar sus pertenencias por miedo a robos (…) Esta situación hace que la gente no quiera ir al albergue que hemos dispuesto en la Escuela Pacheco Altamirano” precisó el alcalde Felipe Aylwin a temprana hora del sábado, quien montó un rápido operativo de emergencia a eso de las 4:30 de la madrugada del mismo día.
Pillajes y saqueos
A poco más de 24 horas del terremoto vino el descontrol en las principales ciudades del país. En Santiago y Concepción, por ejemplo, se registraron saqueos a supermercados y farmacias lo que imposibilitó que la población se pudiera abastecer normalmente.
En tal sentido el Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, calificó la situación como preocupante ya que -dijo- no se justifica ese nivel de desesperación a 24 horas de producido el terremoto.
A dos días del desastre la preocupación y la sensación de inseguridad se instaló en Chillán y Chillán Viejo. Vecinos armados con escopetas, fierros y palos se organizaron –en turnos- para proteger a sus familias y cuidar sus pertenencias ante la presencia de grupos organizados de delincuentes que aprovechaban la oscuridad para cometer robos y otros hechos delictivos. La preocupación se hacía mayor con la fuga de 269 reos de la cárcel de Chillán la misma noche del 27 de febrero.
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